Historia feminista, ¿por qué?

Historia feminista, ¿por qué?

¿De qué hablamos cuando hablamos de historia feminista? ¿Por qué utilizamos esta expresión en lugar de otras más populares como historia de género o historia de las mujeres? ¿Estamos renegando de las formas académicas que ha adquirido tradicionalmente el feminismo dentro de la historiografía?

Vaya por delante que no. No rechazamos el trabajo de nuestras predecesoras, ni nos olvidamos de nuestra herencia. Gracias a la historia de las mujeres hemos comprendido que la historia universal en realidad no es tal. La historia universal es poco más que historia masculina con demasiada pompa. Es una historia sesgada y construida sobre el silencio de los sujetos femeninos. La historia de las mujeres, además, ha abierto la puerta a la historia de género al demostrar que las mujeres son sujetos históricos perfectamente válidos y que, también son sujetos privilegiados a la hora de dar cuenta del factor sexual. Es decir, la experiencia femenina es la más relevante para visibilizar las estructuras de poder sexualmente constituidas. Y esto no quiere decir que la experiencia masculina sea sexualmente neutra. Lo que quiere decir es que el espacio para desenmascarar esta supuesta neutralidad está delimitado por la experiencia femenina.

Somos hijas de quienes somos, no cabe duda. Pero inevitablemente, como miembros de otra generación, nuestra perspectiva, nuestros intereses, nuestras preocupaciones se dirigen en algunos puntos por otros derroteros. Por esto nos decantamos por la expresión historia feminista. Queremos así reivindicar la naturaleza política de los discursos académicos y su compromiso con la realidad social en la que operan. Apostamos por una toma de conciencia de las desigualdades condicionadas por el género. Nos revolvemos contra los esquemas jerárquicos de relaciones socio-sexuales. Queremos visibilizar la resistencia frente a los discursos destinados a perpetuar las relaciones de dominación constituidas desde el género. Y reivindicamos una revalorización política de los conceptos de diversidad y diferencia dentro de sociedades que apuestan por la inclusión y la pluralidad.

 

FOTO: Historia feminista: Hedwig Reicher como Columbia en una manifestación sufragista en 1913. Archivo: Library of Congress, Prints and Photographs Division, Washington, D.C. Sin restricciones de derechos de autor conocidas.

La reivindicación del feminismo frente a la categoría de género

Creemos que el concepto de género no tiene la fuerza reivindicativa que tiene la noción de feminismo. No apela a la misma tradición histórica de lucha social. La historia feminista, que incluye a buena parte de la historia de las mujeres, es mucho más amplia que la historia de género. El género debería entenderse simplemente como una categoría analítica que ha tenido éxito dentro de dicha escuela. Priorizar este término hace prevalecer el carácter pretendidamente más neutro y científico que otorga el uso de esta categoría. Así se invisibiliza el papel del pensamiento feminista a la hora de problematizar los discursos sobre el género. La vocación crítica de una historia feminista supera con mucho las posibilidades analíticas que brinda la articulación de la categoría de género ya que permite cuestionar los cimientos de todo discurso histórico y reevaluarlos.

En otras palabras: no podemos seguir escudándonos en el halo de cientificidad que ofrece el concepto de género, ni en su pretendida neutralidad, para eludir la confrontación política. No podemos porque este tipo de lógicas son las que han contribuido al éxito del discurso de los vencedores. Aquél en el que se sustentan las injusticias, subordinaciones y jerarquías del presente. También las que han permitido a los historiadores esquivar las obligaciones adquiridas por nuestra disciplina para responder a las desigualdades sociales.

La historia será feminista o no será

El feminismo es un golpe que va directo a la mandíbula de los historiadores. Es un golpe violento e iracundo que nos recuerda cómo hemos perdido el norte con nuestras pretensiones de historia universal. Después del golpe nada queda en su sitio: dientes torcidos, labios rotos, mejillas hinchadas. La carne duele, los huesos chirrían. Todo está devastado. Nuestro cuerpo ya no tiene sentido tal y como era. Hay que volver a darle forma. Hay que repensarlo. Y de eso se trata. De golpear tan fuerte a la historia que ya no pueda pensarse a sí misma sin aquello que lo ha golpeado. Que nuestro cuerpo de historiadores se reconozca sólo como cuerpo golpeado, molido, vapuleado.

Y por eso decimos que la historia será feminista o no será.