Teresa de Lauretis

Teresa de Lauretis

Tecnologías del género

Eventos satisfactorios

El tiempo y la experiencia nos han hecho menos mitómanos. Lejos quedan para nosotros aquellos momentos en los que al escuchar un nombre, alguien importante que venía a una u otra facultad a hablar, salíamos corriendo a escuchar lo que tenía que decir. Ha ayudado sin duda el hecho de que en demasiadas ocasiones no hayamos visto nada más que a personajes con el piloto automático contando siempre lo mismo. Día tras día. Evento tras evento. Muchas cosas están mal en la academia y ese es uno de sus síntomas. Pero aquí no vamos a hablar de eso.

La última vez que fuimos corriendo y salimos satisfechos de un gran evento fue en mayo de 2012. El grupo de investigación Género, Estética y Cultura Audiovisual (GECA) organizaba su tercer workshop internacional. No fue tan espectacular como el Lollapalooza que se formó en torno a Judith Butler, algunos años antes en la misma facultad de ciencias de la información. Pero el recuerdo es mucho mejor. Más práctico y emotivo a la vez. La teórica feminista Teresa de Lauretis fue a hablar de cine, una de sus bazas principales para desentrañar los nudos que sustentan la subordinación sexual. “Panteridad: vivir el cuerpo dañado“. Así se titulaba la ponencia sobre la película de Val Lewton, La mujer pantera (1942), y su valor para un análisis feminista del cuerpo y del deseo y la alteridad. Como dice ella, “la mismidad humana”.

Y, bueno, en realidad no salimos satisfechos. Salimos encantados.

Teresa de Lauretis: activismo y ciencias sociales

Tecnologies of Gender. Essays in Theory, Film and Action, fue publicado en 1987. Hace treinta años. Muchísimos. El que ha sido el título más conocido de Teresa de Lauretis, incrementó su impacto al ser incluida su introducción en el libro Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo, editado en el 2000 por Horas y Horas. En esas páginas hemos encontrado muchos de nuestros sustentos ideológicos. Althusser, feminismo, teoría queer, sujetos excéntricos. Algo palpable, materialista, después de la deriva posmoderna de nuestra juventud, de la que casi no salimos.

Teresa_de_LauretisCréditos de la foto: Nikisul / CC BY-SA 4.0

Tras asistir a muchos debates que podíamos resumir entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia, leíamos esto de Teresa de Lauretis:

El primer límite del concepto de ‘diferencia sexual` radica, por tanto, en el hecho de que situa el pensamiento crítico feminista dentro del cuadro conceptual de una oposición universal de sexo […], haciendo muy difícil, si no imposible, articular las diferencias entre la Mujer y las mujeres.

Es decir, no había que enredarse en las luchas que estaban regidas por la identificación o diferenciación gestadas por categorías surgidas desde discursos sexuales hegemónicos. Los de los hombres, vamos. Si concretamos: hombres-blancos-propietarios. Caer en ese juego permitía y permite no modificar las reglas sociales y políticas que hacen posible esa subordinación. El punto de partida de las discusiones, las reglas y los límites seguiría siendo marcado por los hombres-blancos-propietarios. Para Teresa de Lauretis la cultura, su historia y su representación, el arte y el lenguaje, todo, son el relato de la representación de la relación subordinante y estructurante de los sexos.

El objetivo es, entonces, moverse entre lo representado y lo que aparece como irrepresentable para los discursos hegemónicos. Esa sería la manera de romper con esa historia de dominación.

Porque, aunque el género sea una representación, tiene implicaciones en la vida real. Y éstas, tanto subjetivas como sociales, regulan la vida material de los individuos.

Créditos de la foto principal: Matoto Mesuni  via VisualHunt.com / CC BY-NC-SA 2.0

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