Burkini y el luto nacional

Burkini y el luto nacional

Antes del burkini

Se acaba el verano y quizás con él la visibilidad en los medios de un conflicto que es síntoma de la tensión que implica en el sistema de género las subordinaciones coloniales y, también, de clase. Religión y apariencia, nacionalismos y ciudadanía. Imperialismo y poscolonialismo. Y todo, siempre y sin excepción, tamizado y marcado por el sexo.

La sombra del burkini es alargada y entre las muchas dobleces que esconde esta prenda nos llama la atención una muy concreta: el uso político reivindicativo que han tenido en ciertos contextos las vestimentas femeninas. Y es que es imposible obviar las múltiples lecturas del burkini: mientras que algunos ven en él poco más que otro de los muchos elementos de subordinación sexual del islam, también ha sido reivindicado como un medio de resistencia a las imposiciones identitarias occidentales. La defensa de la tradición frente a los procesos de aculturación impuestos desde las metrópolis, que se torna toda una respuesta contestataria para hacer frente a la herencia imperialista.

Las noticias que han llegado este verano desde las playas francesas nos han traído a la memoria una situación análoga que tuvo lugar hace más de cien años. Aunque entonces los protagonistas fueron otros: la Polonia dividida, la legislación rusa, los movimientos independentistas y, ante todo, la religión católica y la figura de la “madre polaca”. El acontecimiento: “el luto nacional”.

Un rápido repaso a los acontecimientos previos

El 22 de enero de 1863 una protesta de jóvenes soldados polacos se extendió de manera incontrolable por Rusia. A ella se sumaron insurgentes de otras nacionalidades pertenecientes al antiguo ducado de Lituania (lituanos, bielorrusos, letones y ucranianos). Hasta un año más tarde las autoridades rusas no pudieron sofocar los diferentes enfrentamientos generados en el contexto del llamado “Levantamiento de enero”. Los movimientos de recuerdo y rememoración tuvieron grandes repercusiones en Polonia. La represión de las autoridades rusas también trajo consigo consecuencias.

El nacionalismo de Polonia, nación que desde finales del siglo XVIII estaba repartida entre tres grandes estados (Rusia, Prusia y el Imperio Austro-Húngaro), tenía como objetivo la independencia, la liberación del yugo imperial que la había dividido. Para lograr esa meta, durante el siglo XIX se construyó un discurso encaminado a implicar en el conflicto a la totalidad de los polacos . Este discurso estaba marcado por la división de las tareas en función de las capacidades sexuales. La construcción de la figura de “la mujer polaca” fue una de sus elaboraciones más sofisticadas.

rzeczpospolita_rozbiory_3Créditos de la foto: Halibut / CC BY-SA 3.0

Si bien es cierto que guarda similitudes con otras construcciones europeas de esposas y madres ideales, el arquetipo de la mujer polaca daba otro sentido a las tareas reproductivas del cuidado y el mantenimiento de la tradición, condicionadas aquí por la influencia que tanto el idealismo como el romanticismo tuvieron sobre el concepto de la nación polaca. Polonia trascendía lo material y la muerte se convertía en algo que vivía en el plano espiritual. Religión y política se daban la mano. Siguiendo a Brian Porter:

Para ser polaco, uno tenía que unirse a la histórica misión nacional, uno tenía que reconocer y contribuir en la realización del destino de la nación 1.

Ese fue el pilar desde el que la clase masculina dirigente estableció las reglas para la idea de mujer polaca. De esa forma se entiende esto: las mujeres polacas debían ser, al mismo tiempo, madres y patriotas polacas. Dar hijos que combatieran por Polonia y luchar ellas mismas desde sus cualidades reproductivas para lograr ese objetivo.

El luto nacional: resistencia muy activa

Después del verano de 1863, el programa de represión hacia los habitantes polacos tras el levantamiento de enero llevado a cabo por el gobierno zarista incluyó la prohibición de que las mujeres llevaran luto para recordar a los insurgentes muertos en batalla. Aquella decisión estuvo motivada por las numerosas manifestaciones de luto que tuvieron lugar entonces. Sirvieron de recuerdo permanente y cotidiano de un acontecimiento que los rusos estaban decididos a borrar del imaginario colectivo. En este contexto, las mujeres polacas emergieron como activistas políticas desde el ejercicio de su religión.

La prohibición iba más allá de vetar la vestimenta negra, también se negó la opción de poner crespones negros en las ventanas. Además, desde finales de octubre de 1863 todas las mujeres que estuvieran en la calle vestidas de negro serían llevadas a comisaría.

january_uprising_russian_revisionCréditos de la foto: Dominio público via Wikimedia Commons

Fue entonces cuando se produjo una audaz reacción: el negro dio paso al gris. Las mujeres hicieron luto con prendas grises y ese color tiñó los barrios polacos de Rusia. La administración persiguió estas práctica y el gris dio paso al verde.

La importancia identitaria y politica en sociedades religiosas y coloniales.

Los dress studies dicen que la ropa puede funcionar como una manifestación psíquica del estado de ánimo de la colectividad. El luto es una práctica íntima de recogimiento. Pero es también pública en tanto que publicita el duelo de quienes lo visten. Y, claro, ese significado público puede ser utilizado de muy diferentes maneras. Las mujeres polacas se reapropiaron del significado de esta práctica durante el luto nacional. El luto se insufló de un nuevo valor: a la práctica religiosa católica se le sumó entonces una reivindicación de tipo nacional. Dobrochna Kałwa entiende que la influencia del catolicismo en la figura de la Madre Polonia es fundamental para comprender este proceso 2.

El burkini, su uso, puede considerarse desde esa misma perspectiva. La construcción de relaciones sociales marcadas por la clase y el género ha vivido momentos de particular efervescencia allí donde los discursos nacionales han tenido una mayor presencia. En contextos coloniales y poscoloniales, la reivindicación identitaria religiosa ha funcionado muchas veces como el luto en Polonia durante aquel otoño de 1863. La reafirmación de una práctica reproductiva históricamente vinculada al sexo femenino como es el luto, o lo que es lo mismo, la preservación de la tradición, significa en estos contextos también hacer política. Hacer historia.

Por supuesto, el burkini y las prácticas religiosas también encierran otro tipo de subordinaciones relacionadas con el sexo. Pero el feminismo que esquiva los condicionantes coloniales y poscoloniales suele ofrecer soluciones unidireccionales. Soluciones en las que se entra como un elefante en una cacharrería proyectando las ideologías y experiencias occidentales.

Créditos de la foto principal: Dominio público via Wikipedia Commons

 

 

  1. Brian PORTER, When nationalism began to hate. Imagining modern politics in nineteenth century Poland, Oxford: Oxford Universisty Press, 2000 pp. 15-16.
  2. Dobrochna KAŁWA «Poland» en Kevin PASSMORE (ed.), Women, gender and fascism in Europe, Manchester: Manchester University Press, 2003, pp. 150-151.
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