Música y género: punk y Las Vulpes

Música y género: punk y Las Vulpes

¿Esto del punk qué es?

Para Teresa de Lauretis las prácticas culturales y los discursos son la historia de la construcción del sistema de género que nos regula. La música popular urbana1, como práctica y discurso musical, ha de situarse dentro de un modelo. De una estructura y proceso histórico determinado. Y es en la Transición donde encontramos a Las Vulpes.

La música punk nace, por simplificar, en la década de 1970, entre Estados Unidos e Inglaterra. Existen numerosos estudios que pretenden colgar la medalla de lo pionero en uno u otro lugar del Atlántico. Pero lo que aquí importa es señalar el carácter, precisamente, anglosajón, suburbano, de clase y, por supuesto, sexual y de género que configuraban la expresión punk. Este fenómeno cultural ha propiciado diferentes formas de enfrentarse a lo cotidiano. Diferentes formas de modular la cosmogonía de la cultura occidental. Volveré a esto luego. Antes prefiero aclarar un concepto clave para entender todo esto.

¿Qué es un evento musical?

Unos años atrás, mientras vivíamos la vida pre-doctoral y escribíamos ingenuas pero firmemente convencidas sobre casi cualquier cosa, el estudio de la historia de la música popular dirigía muchas de nuestras búsquedas en las bibliotecas. Y apareció un concepto clave: el evento musical. Ante el exceso de análisis formal de la música, de su contenido y composición, heredado de los estudios de musicología en torno a las piezas musicales, empezó a hacerse evidente  la necesidad de acercarse a lo que rodea a la música. Se hizo patente debido a que el estudio de la musica popular quedaba simplificado en exceso. Escuchar, bailar, cantar, grabar, reproducir y producir, las radios, las fiestas populares. Pero también los grupos de iguales, los conciertos y la creación de un lenguaje y prácticas comunes.

El evento musical es un momento vital e histórico anudado a la experiencia de la práctica y discurso de la música. Simplemente y todo eso a la vez2.

Sobre el carácter político del punk

Aunque lo más habitual es encontrarse análisis desde los cultural studies, creo que es mejor añadir otra perspectiva. Sobre todo porque nos parece excesivo otorgar a categoría de subcultura a movimientos que, en gran medida, no poseen relevancia discursiva o práctica capaz de modificar radicalmente el funcionamiento de la cultura hegemónica. Hay muchísima literatura sobre ello y hacia ella os remitimos si estáis interesados 3.

Entrevista a Las Vulpes en el Diario de Mallorca, 21 de mayo de 1983

Aún así, el carácter materialista de las prácticas culturales y la búsqueda de la ruptura estética como vía de entrada al cambio político y social, emblemas de los cultural studies, están presentes en nuestra visión.

El punk es resultado de las tensiones discursivas dentro del rock. Y, éste, era mayoritariamente masculino en sus ejecutores, con un lenguaje abiertamente marcado hacia la preponderancia de lo masculino como eje objetivante del sexo. Lo masculino marcaba la hegemonía sexual del rock. El punk nació de esa manera. Pero, no obstante, en el punk también podían encontrarse elementos que resquebrajaran la línea dominante.

Lo nuevo en el punk no era la música sino ese retorno a la corta duración, de las sensaciones que les llevaba a “desenmascarar” el mito del rock. A reírse y a ser “maleducados”, a demostrar que cualquiera podía hacerlo.

El punk reprodujo toda la historia de la indumentaria de las clases medias de posguerra en forma de collage. Combinaba elementos que en sus orígenes poseían un significado distinto: es el bricolaje. El punk se apropió de elementos de la cultura dominante, como puede ser la simbología nazi, para otorgarle un significado nuevo. Se yuxtaponían dos realidades supuestamente incompatibles y, a través de la “distorsión” y la “deformación”, se incomodaba y reorganizaba su significado. Se puede calificar todo eso como la “unión explosiva”4.

Desde el punk, por lo tanto, se tejieron estrategias para subvertir también el orden sexual. Ya fuera dentro de la música o en lo social en general. Es necesario añadir que el impacto fue mínimo incluso dentro del movimiento punk, pero hubo pequeños saltos cualitativos.

Y es aquí como llega el grupo que versionó a The Stooges en Caja de Ritmos.

Las Vulpes

Se suele decir que Las Vulpes entraron como un torbellino en la música y cultura de la Transición cuando interpretaron “Quiero ser una zorra” en el programa dirigido por Carlos Tena, Caja de Ritmos. Era abril de 1983. Sin embargo su actuación tuvo poca audiencia a pesar de lo explícito de la letra. Fue una serie de editoriales entre El País y el ABC, sumada a una querella presentada por la Fiscalía General del Estado, lo que hizo crecer el mito y la repercusión de esa interpretación en directo.

Casi un mes después, entrevistadas por El País, decían:

Ser punki es estar en la calle, es una sensación muy fuerte, es algo cañero, entiendes, hay que vivirlo a tope, sentirlo a tope. Y, sin embargo, sobrevivir.

La música punk para Loles Vázquez, Lupe Vázquez, Mamen Rodrigo y Begoña Astigarraga consistía, ante todo, en ser punki. Es decir, adquirir y desarrollar una identidad. Ser algo. Respirar y vivir de una manera muy determinada. Y todo el tiempo posible de la forma más intensa que se pudiera. Rosa Montero, la periodista, no cesa en su empeño de vaciar de contenido toda la estética y discurso del grupo. Pero ellas lo tienen claro:

Es que esto es una revolución social -se enardece Mamen (casi diría se emociona, si no fuera porque en esta cultura urbana, en este nacer de vuelta, las ilusiones están proscritas y la regla es el descreimiento).

Las Vulpes grabaron dos canciones en formato single y fueron editadas por Dos Rombos. Sobre todo, hicieron conciertos en Euskadi y Catalunya. Vivieron deprisa, como todo lo punk, y en 1985, tras un paréntesis, realizan su último concierto en Bilbao. En 1993 falleció Lupe Vázquez. Diez años más tarde realizaron un concierto de homenaje lo que, en gran medida, permitió grabar un disco de despedida dos años después, en 2005.

Punk y género

El punk fue uno de los herederos del rock. Y se construyó en torno a la manifestación masculina y masculinizante de la música. Pero se hizo desde la tensión hacia él, con elementos que facilitaron la subversión discursiva. En cuanto a la identidad sexual, Las Vulpes encontraron tanto en su imagen como en su música, formas de transgresión.

Fijémonos en la canción “Me gusta ser una zorra” y contrapongámoslas a la canción original de The Stooges. Las Vulpes cantaban aquello de que era mejor “masturbarme en mi cama antes que acostarme con alguien que me hable del mañana”, en clara alusión a la normalidad sexual exigida por la cultura hegemónica. Mientras, la banda de Iggy Pop usaba el término “dog” (“I wanna be your dog” es el título de la canción original) desde una perspectiva objetivante. Construcción de la subjetividad frente a la objetivación sexual de los sujetos. Una subjetividad, además, que era consciente de su deseo sexual y que edificaba su vivir en torno a esa posibilidad.

Ese mensaje se repite más allá de su icónica canción. En “Pasa de mi”, reivindican su capacidad para controlar de manera exclusiva su cuerpo: “Esta noche me encontré con un tío / Sólo intentaba hacerse conmigo / Cree que tiene derecho a todo / Seguro del calor de su bolsillo”.

Las Vulpes en 1982. Foto aparecida en: punkiberico

En “Sexo por la cara” reclaman el control sobre sus relaciones sexuales. Son sus propias necesidades de goce, de su deseo, las que marcan la pauta y se proyecta mediante la subversión de las categorías que supuestamente sirven para definir a la “novia” ideal: “Idiota de chico no te asustes al mirarme / Sólo soy tu anti-novia / Sólo soy tu anti-amor / Soy el sexo por la cara / Soy el sexo sin amor / Pero estoy algo fría y necesito tu calor”.

Pero el punk se convirtió en algo asimilado por la cultura hegemónica. Fue un giro hacia la normalidad que Las Vulpes no quisieron consentir. En “Deja tu sitio” decían respecto a esto: “Tienes el armario lleno de disfraces / Las fotos de tus ídolos sobre las paredes / Las gafas de última moda / Que permiten situarte en la nueva ola”.

Las Vulpes se movieron entre el desencanto y la diversión. Subvirtieron el propio mensaje punk por diversión y convicción. Eso les hizo vivir sendos desencantos: el de la Transición que anunciaba Teresa Vilarós5 y el de la propia naturaleza sexual del punk, puesto que el discurso sexual que defendieron no fue abrazado tampoco dentro de su círculo.

Créditos foto principal: Blondinrikard Fröberg / CC BY 2.0

  1. Julio ARCE, Música popular urbana. Cuadernos de musica, Madrid, UCM, 2003.
  2. Simon FIRTH, La sociología del rock, Madrid, Júcar, 1980.
  3. Stuart HALL, Los hippies: una contracultura, Barcelona, Anagrama, 1970; Raymond WILLIAMS, Cultura. Sociología de la comunicación y del arte, Barcelona, Paidós, 1982 y Dick HEBDIGE, Subcultura. El significado del estilo, Barcelona, Paidós, 2004
  4. Pedro OCHOA, “No tengo ganas de hacer mi cuarto. Las Vulpes y las música punk como fenómeno cultural durante la Transición española”, en Marie-Claude CHAPUT, (ed.), Masculin/Féminin en transition, París, Université Paris Ouest Nanterre La Défense, 2011, pp. 143-160
  5. Teresa M. Vilarós, El mono del desencanto. Una crítica cultural de la Transición española (1973-1993), Madrid, Siglo XXI, 1998.
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