De repente, Judith Butler

De repente, Judith Butler

Un huracán

Judith Butler. No han sido pocas las ocasiones en las que nos han preguntado el porqué de elegirla a ella como una de las guías teóricas e ideológicas de nuestras investigaciones. Unir a Judith Butler con la historia parecía tener poco futuro para la historiografía española. Sin embargo, para nosotras fue un flechazo. Un flechazo y una revolución en nuestros materialistas cimientos.

El género en disputa y Deshacer el género. Fueron los dos primeros. Luego fueron llegando más títulos de la Butler, como decía una de nuestras directoras de tesis. Y después de mucha lectura y mucha anotación, nos sorprendió que esta autora no tuviera una mayor presencia en los textos sobre metodología e historiografía que nos habíamos encontrado hasta ese momento. ¡Si hasta editó un libro junto a Joan W. Scott, uno de los pilares de la historia feminista y de género en España de las últimas décadas! Pero ni por esas.

¿Qué nos enamoró de Judith Butler?

No pretendemos ofrecer una revisión pormenorizada de toda la contribución de Judith Butler a la filosofía y la historia. Existen libros, blogs y webs que ya lo han hecho.

Para empezar, la unión del activismo con lo académico. La exigencia de vincular todos los esfuerzos intelectuales con las obligaciones sociales y políticas. La disciplina histórica ha sido reacia a posicionarse tan abiertamente a esa necesidad. Equivocó la relación de lo científico y lo real, identificándola con lo objetividad construida desde la atalaya apolítica que limpiaba cualquier atisbo de desviación. Ni fue apolítica la historiografía que así se pretendía, ni se descuida el problema de la verdad desde la conexión entre ideología y el requisito de cumplir una agenda política. Al menos no tiene por qué ser así.

Pero con Judith Butler llegaron muchas más cosas. Entre las líneas de sus libros extraíamos conceptos y estrategias de análisis que nos permitían realizar una aproximación histórica con mayor rigor e implicación con los problemas del presente. Así, la introducción de la noción de lo performativo en lo que se refiere al género, el medio de subversión de la norma sexual, nos facilitó desmigar las diferentes formas de apropiación del poder. Pero hubieron más.

La frecuente preocupación de Butler por el lenguaje, su construcción y los elementos subordinantes que lo configuran, nos empujó a atender los lugares en los que se erige tanto esa disfunción, como las contradicciones que presenta y que pueden facilitar los mecanismos desde los que plantear batalla a los sistemas sexuales hegemónicos.

En todo ese aparato crítico que planteaba Judith Butler la cultura y la historia eran protagonistas.

Mete una Judith Butler en tu vida

Entre los libros que hemos leído y estudiado de esta filósofa y activista, hay tres que han destacado sobre manera. Por lo menos en lo que a su aportación a nuestras investigaciones se refiere. Son: El grito de Antígona, El género en disputa y Vida precaria.

El grito de Antígona

A través del parentesco y el teatro griego propone un medio de asaltar al espacio masculino de la decisión política. La clave, dice Butler, está en romper las formas de representación del sexo, dislocarlas. Ahí estaría la oportunidad.

El género en disputa

A lo ya dicho sobre los actos performativos y el yo como realidad linguística, destacaríamos la historización del concepto de género. El objetivo es alejarlo de las definiciones binarias. Para ello, Butler lo vincula a las reacciones y relaciones que éste establece. Ser mujer es, por lo tanto, un procedimiento.

Vida precaria

Aquí la importancia es la vulnerabilidad política de nuestros cuerpos. Somos, en fin, seres sociales hasta el más profundo de los niveles. Nos rodean y preceden un conjunto de normas culturales que así lo imponen.

¿Qué nos pasó?

Sin embargo, el transcurrir de los años que siguieron a la crisis capitalista en Europa y Estados Unidos, nos alejaron un poco de Judith Butler. No fue un abandono, pero sí que perdió protagonismo en nuestras lecturas y preocupaciones. De repente, el materialismo histórico (otra vez) y el feminismo poscolonial lo coparon todo. Monique Wittig, Nancy Fraser, Irish Marion Young, Seyla Benhabib, Joanna Bourke, Michel Foucault y Angela Davis ocuparon el espacio que antes monopolizaba Judith Butler.

La propia Judith Butler, en los últimos años, ha dirigido sus preocupaciones hacia problemas que exceden sus estudios iniciales. De la identidad y la Teoría Queer hemos pasado a los marcos de guerra, al conflicto de Palestina e Israel y a los movimientos sociales y políticos surgidos desde 2008. Por supuesto, Judith Butler encara sus nuevas inquietudes desde configuraciones teóricas que beben de sus inicios: el lenguaje, los actos performativos y la subordinación política que surge desde la creación de la diferencia identitaria.

Créditos de la foto: Andrew Rusk / CC BY 2.0

Reconciliación

Pero como dijimos, Judith Butler nunca desapareció de nuestras cabezas. Es una mujer que sigue siendo una auténtica rock star capaz de llenar cualquier acto convocado con su presencia. Sigue compaginando activismo con estudios rigurosos y complejos. Y una reestructuración de la biblioteca casera juntó de nuevo las obras de Judith Butler tras estar desperdigadas por diferentes estanterías. Eso ha hecho que volvamos a abrir sus libros.

Leer de nuevo páginas de El género en disputa o Deshacer el género años después, nos ha hecho pensar en el impacto de la filósofa estadounidense en nuestras vidas. Somos historiadoras. Lo empírico siempre capitanea nuestras preocupaciones. Pero es ingenuo pensar que las historiadoras podemos investigar sin tener presupuestos previos. Sin situarnos políticamente y, claro, filosóficamente.

Sí, hubo un momento en el que el nombre de Judith Butler dejó de capitanear nuestras previas en los textos. Descendió su aportación en las citas, en las notas al pie. Pero no se fue, vivía ya en cada juicio, en cada nudo gramatical, en cada expresión política y filosófica que hilvanaban nuestras investigaciones.

Créditos imagen principal: Nikiforos Lytras, via Wikimedia Commons.

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